Los temas de mi interés son variados. En algunas cosas podemos coincidir, en otras no. No necesariamente vamos a ser clones unos de otros pensando de una única forma y sin matices. Yo expongo mis valores, para mi son importantes y son el fruto de casi 40 años de reflexión. Pueden estar equivocados o necesitar un retoque, un aggiornamiento o un nuevo punto de vista. Pero ojo, no siempre lo nuevo es mejor. Y no siempre lo nuevo es justo y honesto. Yo sigo en mi misión autoimpuesta de tratar de exponer porque para mí son justos y honestos los valores que defiendo. Puedo equivocarme, pero lo hare buscando la justicia.

miércoles, 3 de julio de 2013

De politicos, entrevistas y Constituciones


Escuchaba a un periodista decir que en las elecciones que vienen y en las del 2015 hay una lucha entre dos sistemas de gobierno. Uno democrático republicano y otro democrático a lo chavista.

¿Y saben que me preocupa?

Que ninguno de los  políticos que participaban en la entrevista dio la respuesta que correspondía dar: No existe ni puede existir ningún choque de sistemas de gobierno en nuestro país. ¿Por qué? Porque ese tema queda saldado en cualquier país al dictarse una constitución. Si existe una pugna de sistemas de gobiernos, es porque un partido o partidos intentan obrar por fuera del sistema.

La Argentina en 1853 eligió el sistema Republicano, Representativo y Federal. Punto. Cualquier partido político que decide participar en las elecciones. Cualquier político que decide postularse a un cargo público, debe si o si aceptar esto o simplemente retirarse.

No estamos en un país en formación. No es un momento fundante o refundante, por más que muchos políticos ego maniacos crean que están refundando una nación. Cualquier argentino que hoy intenta gobernar este país debe aceptar que ya tiene un sistema de Gobierno y que, si bien se pueden discutir derechos o actualizar leyes que han quedado retrasadas, el Sistema de Gobierno Republicano, Representativo y Federal, con la división de poderes en 3 patas contrabalanceadas no puede ni debe formar parte de ningún intento de reforma. Es así de simple, así de terminante y así se debería interpretar por políticos y constitucionalistas. Y no porque yo lo diga, sino porque así debe ser. Nadie empieza a jugar un partido de futbol y a mitad del partido decide cambiar las reglas de juego porque no lo benefician. Nuestro partido empezó en 1853 y se puede cambiar el color de las camisetas, o la tela, pero no decidir cambiar futbol por rugby.

Tristemente, aquellos que deberían demostrar madurez y sostener el sistema, con su docencia o sus hechos, tienden a destruirlos o erosionarlos para su beneficio apenas son elegidos. En un país sano, la propia Corte Suprema debería impedir de oficio cualquier intento de erosionar el sistema de gobierno que nuestros padres fundadores eligieron para nosotros. En un país sano. La tristeza es que la podredumbre a la que ha llegado el pueblo y sus representantes han llevado a una tensa espera sobre una declaración de inconstitucionalidad de una o varias leyes que debieron ser declaradas de oficio inconstitucionales en el mismo momento en que fueron votadas. Más aun, en un país sano, a nadie se le ocurriría votar una ley como la de Reforma Judicial, que viola todos los preceptos básicos de la división de poderes que nuestra Constitución consagra. Y nadie interpretaría que cuando se garantiza la libertad de imprenta en una Constitución votada cuando el único medio era la prensa escrita, SOLO se garantizaba la libertad de imprenta, sino la de medios.   En este país enfermo, una Corte blanda, cobarde, acomodaticia y negociadora dejó a la Republica al borde de una dictadura y hoy condena no solo a los medios y con ellos a nuestra libertad de expresión, sino que condena nuestros derechos al socavar el precepto de derechos adquiridos.

Un país enfermo, con políticos incultos, ambiciosos, enfermos de poder y ansiosos de ocupar el lugar de los que están por el mero hecho de adquirir el poder que el que estaba antes poseía. Y quizás adquirir más. Cambiar esas ideas, reencausar el espíritu republicano democrático y terminar castigando y expulsando o encarcelando aventureros y políticos delincuentes es la verdadera refundación que este país, asolado y devastado por estos enemigos de todos, precisa.