Los temas de mi interés son variados. En algunas cosas podemos coincidir, en otras no. No necesariamente vamos a ser clones unos de otros pensando de una única forma y sin matices. Yo expongo mis valores, para mi son importantes y son el fruto de casi 40 años de reflexión. Pueden estar equivocados o necesitar un retoque, un aggiornamiento o un nuevo punto de vista. Pero ojo, no siempre lo nuevo es mejor. Y no siempre lo nuevo es justo y honesto. Yo sigo en mi misión autoimpuesta de tratar de exponer porque para mí son justos y honestos los valores que defiendo. Puedo equivocarme, pero lo hare buscando la justicia.

jueves, 24 de abril de 2008

La Argentina pierde con Brasil, y los autos tienen la mitad de la culpa

LENTAMENTE NOS CONVERTIMOS EN UNA ARMADURÍA DE AUTOS BRASILEÑOS
Por Luis Varela

Desde que los Kirchner pisaron la Casa Rosada allá por el 2003 quedó en evidencia que el plan elegido para desarrollar a la Argentina era respaldar el crecimiento industrial como camino ideal para combatir un desempleo endémico y una pobreza insostenible.

El esquema seleccionado para conseguir ese objetivo fue tener un tipo de cambio alto, autorizar la importación de bienes de capital con arancel muy bajo y afirmarse en la multiplicación del gasto público para tener un mercado interno expansivo, que generara una demanda sostenida del consumo interno.

Semejante coctail vitamínico ayudó, sin duda, a sacar al país del “infierno” en el que había caído con la crisis del 2002. Pero, a partir del segundo semestres del 2005, cuando Roberto Lavagna se alejó del ministerio de Economía, la estructura económica elegida empezó a encontrar dificultades por sobredosis monetaria.

Tanto fue así que desde el arranque del 2007 casi todos los sectores de la economía comenzaron a sufrir una inflación cada vez más amenazante, generando conflictos salariales en todas las áreas y un principio de pérdida de competitividad frente a los países competidores.

Frente a aquella coyuntura, el camino sensato hubiera sido achicar el gasto, y administrar el crecimiento. Pero debido a que se acercaba la elección presidencial, la solución elegida para ese primer gran problema económico post-default fue dibujar el índice de precios, con la esperanza de que los que realizan contratos en el mercado interno no volvieran a utilizar mecanismos indexatorios.

La otra pata de esa idea, conducida directamente por el secretario de Comercio Guillermo Moreno, fue impedir que los precios internos siguieran subiendo, con todo tipo de movimientos, desde intervenciones al comercio exterior hasta los dibujos más estrafalarios en el comercio interno.

El resultado de esa necesidad electoralista hizo que mes a mes fuera subiendo la temperatura de los sectores perjudicados, sobre todo los vinculados a la producción de alimentos, que en los últimos días terminaron de estallar con la gota que rebalsó el vaso: una nueva suba en las retenciones a la exportación.

Detrás de todo ese desbarranque, los Kirchner se defienden diciendo que el país está creciendo a tasas chinas, apoyado no solo en la explosión agrícola sino también en la industria, fundamentalmente las empresas vinculadas a la construcción y a la actividad automotriz.

Se sabe, lo hemos detallado en Saber Invertir, la industria de la construcción viene mostrando signos de estancamiento desde mayo del año pasado, y según las estadísticas sólo la industria automotriz continúa con un verdadero “boom” de ventas, tanto internas como de exportación.

Pero como sistemáticamente nos vienen engañando con todo tipo de manipulación de índices y de informaciones económicas, es tiempo de preguntarse qué tan cierto es el “récord automotriz” y, sobre todo, qué tan firmes son las patas de su crecimiento. En ese sentido, conviene precisar lo siguiente:

Hace tres años y medio, en agosto de 2004, las dos principales monedas del Mercosur, el peso argentino y el real brasileño, estaban “1 a 1”. En aquel momento, con Lula y Kirchner piloteando los primeros meses de sus Presidencias, el dólar valía en la Argentina 3,05 pesos y en Brasil 3,05 reales. La coincidencia era tan marcada que por unos pocos días se llegó a hablar de la fusión de ambos sistemas monetarios.

Hoy, sin embargo, los dos países atraviesan condiciones completamente distintas. El dólar vale en la Argentina 3,19 pesos y en Brasil se agachó hasta apenas 1,74 reales. Esto quiere decir que desde aquel ahora increíble “1 a 1” entre el peso y el real se pasó a una relación en la que por un peso argentino se pagan apenas 54 centavos de real brasileño.

Semejante devaluación del peso argentino ante la moneda de Brasil debería haber generado un gigantesco abaratamiento de los productos argentinos y una consecuente ola de exportaciones hacia territorio brasileño, que por supuesto debió haberse traducido en un verdadero aluvión de millones de dólares que engrosarían los bolsillos argentinos.

Sin embargo, eso no sucedió. Ocurrió exactamente todo lo contrario. El comercio total de la Argentina con Brasil arroja un déficit creciente para los argentinos: en 2004 el rojo fue de 1.998 millones de dólares y el año pasado alcanzó los 4.161 millones, 108% más que tres años antes.

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